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La adquisición del lenguaje escrito: del preescolar a la primaria



La adquisición del lenguaje escrito es un proceso gradual, complejo y constructivo mediante el cual las niñas y los niños desarrollan la comprensión de que la escritura representa el lenguaje oral y que, a través de ella, pueden comunicar ideas, pensamientos y conocimientos. Este aprendizaje no ocurre de manera inmediata ni consiste únicamente en memorizar letras o sílabas; por el contrario, implica la construcción progresiva de hipótesis acerca del funcionamiento del sistema de escritura, las cuales se transforman conforme el alumnado interactúa con diversos textos, recibe acompañamiento docente y participa en situaciones reales de lectura y escritura.

Durante la educación preescolar, el objetivo principal no es que todos los niños aprendan a leer y escribir convencionalmente, sino favorecer el desarrollo de la alfabetización inicial mediante experiencias significativas con cuentos, letreros, nombres propios, listas, carteles, canciones y diversos materiales impresos. En esta etapa, los niños comienzan a descubrir que la escritura tiene una función comunicativa y que los textos transmiten mensajes, por lo que realizan sus primeros intentos de escritura utilizando dibujos, grafismos, letras conocidas o combinaciones de símbolos.


Uno de los aportes más importantes para comprender este proceso fue realizado por las investigadoras Emilia Ferreiro y Ana Teberosky, quienes, a partir de la teoría constructivista de Jean Piaget, desarrollaron investigaciones sobre la psicogénesis de la lengua escrita. Sus estudios demostraron que los niños no aprenden a escribir únicamente mediante la repetición o la copia, sino que construyen activamente conocimientos sobre cómo funciona el sistema de escritura. Esta propuesta fue publicada en la obra Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño (1979), considerada una de las investigaciones más influyentes en el campo de la alfabetización.

Ferreiro y Teberosky identificaron diversas etapas o niveles de conceptualización de la escritura, las cuales no dependen exclusivamente de la edad, sino de las experiencias de aprendizaje de cada niño.

La primera corresponde al nivel presilábico. En esta etapa los niños aún no establecen una relación entre las letras y los sonidos del habla. Pueden escribir utilizando garabatos, dibujos, letras al azar o secuencias de caracteres sin correspondencia con las palabras que desean representar. No obstante, ya comprenden que escribir es diferente de dibujar y comienzan a formular hipótesis sobre la cantidad y variedad de letras necesarias para que un texto "diga algo".

Posteriormente aparece el nivel silábico, en el cual los niños descubren que existe una relación entre la escritura y la pronunciación. Su principal hipótesis consiste en considerar que cada sílaba de una palabra debe representarse con una sola letra. Así, palabras como casa pueden escribirse como "CA" o "CS", utilizando una letra por cada sílaba, aunque todavía no exista una correspondencia fonética completa.

El siguiente momento es el nivel silábico-alfabético, considerado una etapa de transición. Aquí el niño comienza a comprender que algunas sílabas requieren más de una letra para representarse correctamente. En una misma palabra puede escribir algunas sílabas completas y otras utilizando una sola letra, mostrando avances importantes hacia la escritura convencional.

Finalmente se alcanza el nivel alfabético, en el que el estudiante comprende que cada fonema del habla corresponde a una representación gráfica. Aunque todavía puede presentar errores ortográficos propios del aprendizaje, ya logra escribir palabras y oraciones respetando, en gran medida, la relación entre sonidos y letras, lo que le permite producir textos cada vez más comprensibles.

Durante el primer ciclo de educación primaria estas hipótesis continúan fortaleciéndose. El alumnado consolida la lectura y la escritura convencionales, amplía su vocabulario, mejora la comprensión lectora y desarrolla habilidades para redactar diversos tipos de textos. Asimismo, comienza a apropiarse de aspectos ortográficos, gramaticales y de puntuación que enriquecen la comunicación escrita.

Es importante destacar que estas etapas no constituyen un método de enseñanza, sino una explicación científica sobre la manera en que los niños construyen el conocimiento acerca del sistema de escritura. Cada estudiante puede avanzar a ritmos diferentes e incluso presentar características de dos niveles de manera simultánea, dependiendo de las oportunidades de aprendizaje que tenga en la escuela y en su entorno familiar.

En consecuencia, el papel del docente consiste en ofrecer ambientes alfabetizadores ricos en materiales escritos, promover situaciones auténticas de lectura y escritura, respetar las hipótesis infantiles y diseñar intervenciones pedagógicas que permitan a los alumnos reflexionar sobre el lenguaje escrito. De esta manera, la alfabetización deja de ser un proceso basado únicamente en la memorización para convertirse en una experiencia de construcción del conocimiento que acompañará a las niñas y los niños durante toda su trayectoria escolar.

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