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El Trastorno del Espectro Autista (tea) en la educación regular: estudio realizado en instituciones educativas de Quito, Ecuador
Este artículo presenta un estudio efectuado en Quito, Ecuador, acerca de la inclusión de niños y jóvenes con Trastorno del Espectro Autista (tea) en veintiuna instituciones de educación regular que dijeron tener o haber tenido estudiantes con tea. Se hace un análisis de los resultados considerando la prevalencia total y por género, las conductas de los niños con tea que generan tensión dentro del aula de clase, y las necesidades de capacitación y asesoría de los docentes. 


Amarantha Vázquez jueves, 25 de julio de 2019
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Amarantha Vázquez domingo, 21 de julio de 2019
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Amarantha Vázquez
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Amarantha Vázquez
“Mi padre tiene síndrome de Down y me ha inspirado para ser mejor persona”
Sader Issa es un joven sirio, que encuentra en su padre a su mayor referente y apoyo en la vida. "Un niño criado en el regazo de una persona con síndrome de Down tiene todo el amor y ternura que se pueden ofrecer". "Estoy muy orgulloso de él", afirma el joven.
Sader Issa es un joven de 21 años, que estudia tercer curso de odontología en Hama, Siria. Su historia no solo es admirable por el esfuerzo supone salir adelante y estudiar en un país devastado y sumido en el bloqueo económico como Siria. Lo verdaderamente inusual en la vida de Sader es que su padre tiene síndrome de Down y le ha criado junto a su madre sin apoyos y “con todo el amor del mundo”.
Mi padre ha hecho todo lo posible por asegurarme una vida normal, como la de cualquier otro niño. Además, un niño criado en el regazo de una persona con síndrome de Down, como yo, tiene todo el amor y ternura que se pueden ofrecer. Él también ha sido mi mayor apoyo económico y psicológico durante mis estudios y por todo ello, estoy muy orgulloso y agradecido“, explica el joven en una entrevista a DOWN ESPAÑA.
“Él es un buen padre, un buen esposo y ha sido todo un ejemplo durante mis 21 años, algo que mucha gente no puede conseguir nunca. Sin embargo, para él ha sido fácil”
El padre de Sader, Jad Issa, “ha construido su propia identidad” y a sus 45 años, ha conseguido llevar una vida normal en su ciudad. En Hama, una localidad cercana a Alepo, el señor Issa trabaja en una fábrica de trigo desde antes de que naciese su hijo. “Ha hecho todo lo posible para que yo tuviese todo lo que necesitase de niño, eso me ha empujado a dar todo lo mejor de mí. Estoy tan orgulloso de él, como él de mí”, apunta Sader.
Según afirma este estudiante, “tener síndrome de Down en un país como Siria no es fácil“, pues son infinitas las barreras que pueden encontrar las personas de este colectivo en todas las etapas de su vida. Esto se debe especialmente a la falta de investigación y al consecuente desconocimiento de esta alternación genética para la sociedad siria. A pesar de ello, y de la imagen que tienen las personas con síndrome de Down en este país árabe “percibidas como vulnerables y dependientes“, la personalidad y el tesón del padre de Sader han sido fundamentales para conseguir el cariño y el respeto de quienes le rodean.
Las relaciones sociales con él son sencillas y puras porque mi padre quiere y respeta a todo el mundo y en retorno, la gente le devuelve amor y respeto y le tratan como a una persona normal”, dice el joven universitario.

Una familia normal

La familia Issa forma parte de una sociedad tradicional. La madre de Sader es ama de casa y ha formado junto a su marido, una familia en la que Sader ha crecido como cualquier otro joven de su edad. A pesar de las dificultades, “ellos me han enseñado lo que es el amor puro, la ambición y la dignidad“, señala el joven.
“Algo que me encanta es que cuando mi padre me presenta a alguien dice: “Mi hijo es médico”. Puedo ver el orgullo en sus ojos. Es como si dijera: “Tengo síndrome de Down, pero he criado a mi hijo y he hecho todo lo posible para que llegue a ser doctor “. Estoy muy orgulloso de él”, señala el joven.

La historia de mis padres fue amor a primera vista cuando les presentaron sus familias. Su relación es como cualquier otra relación natural entre una pareja. A veces no están de acuerdo, pero tienen una vida llena de amor, sencillez y humanidad en todos los aspectos. Intentan cambiar la percepción que se tiene de esta historia. Para la mayoría de la gente, que una mujer se quede embarazada de un hombre con síndrome de Down es el peor escenario posible”, relata.
Para finalizar, Sader explica que el hecho de tener en casa a una persona con síndrome de Down otorga a quien le rodea equilibro emocional y social. “Si pudiera elegir cómo es mi padre, no pensaría en nadie mejor que él“, añade.
A pesar de que el caso de esta familia es completamente extraordinario, pues se conocen muy pocos ejemplos en el mundo como el suyo, su historia no ha sido conocida internacionalmente hasta hace muy poco. Todo comenzó tras la publicación de un vídeo editado por la asociación Syrian Society for Social Developement (SSSD) en colaboración con ACNUR -y subtitulado en inglés-. Actualmente, según nos ha explicado Sader, existe el proyecto de realizar una película documental y un libro sobre la historia de su familia.

Amarantha Vázquez jueves, 11 de julio de 2019
Los trastornos del espectro autista se ubican en el DSM 5 dentro de los trastornos del neurodesarrollo.


Los trastornos del neurodesarrollo son un grupo de condiciones que se ponen de manifiesto durante el período de desarrollo, haciendo su aparición en edades tempranas de la vida. Típicamente surgen antes de la época escolar y producen impedimentos en el funcionamiento personal, social, académico u otros. 
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Amarantha Vázquez martes, 4 de junio de 2019
Con 12 años abrió una escuela en el patio de su casa y da clases a niños necesitados

Junto con su abuela, el ‘profe Nico’ construyó una escuela en su patio para ayudar en la educación de más de 30 niños. Una iniciativa digna de admirar.



A pesar de que solo cuenta con 12 años, los 36 alumnos de Leonardo Nicanor Quinteros obedecen con precisión las instrucciones de su pequeño maestro. El niño eligió ayudar a otros chicos de los humildes barrios Las Piedritas I y II, ubicado en Pocito, en San Juan (Argentina). Por ello, creó la escuela “Patria y Unidad” en el patio de la casa de su abuela hace cuatro años.
Fue un 7 de julio del 2014 cuando “el profe” Nico, como lo conocen, decidió empezar su aventura en la Educación. Solo tenía ocho años. “Patria por los colores de la bandera y Unidad porque es lo que queremos de los niños”, explica, con mucha timidez, el pequeño profesor.

Patria y Unidad: la escuelita más famosa

“Patria y Unidad” no tiene reconocimiento oficial, claro está, pero los alumnos aprenden. Y todos en Pocitos, enclavada a unos 20 kilómetros de la capital de San Juan, reconocen la ubicación precisa de la escuelita ubicada en el patio de la abuela Ramona. Policías, maestros, kiosqueros y niños pueden señalar tranquilamente, con mayor o menor precisión, dónde está.

La pobreza reina en la escuelita de Leonardo Nicanor Quinteros

Además de la solidaridad y las ganas de enseñar de Nico, la pobreza es otra protagonista del lugar. En Patria y Unidad, las puertas son dos elásticos de camas viejas. Las paredes, de cartón, chapa y nylon. Adentro los espacios son mínimos: tres aulas, de dos por dos, divididas por telas que hacen las veces de cortinas. Cada sala tiene su pizarrón y un tacho de lata donde se guardan pequeños trozos de tizas. Hay un jardín de infantes, donde los niños se sientan en ladrillos alrededor de una mesa. “Vienen niños de dos años… Allí primero empiezan jugando”, explica con naturalidad Nico. Las otras dos aulas son para grados superiores (1° y 2° una y 5° y 6° otra). Afuera están los bancos para los estudiantes de 3° y 4° grado, además de un mástil con la bandera argentina y hasta una campana para llamar al recreo.

La jornada de estudios en la famosa escuela

Nico atiende sus propias obligaciones escolares en las mañanas. Por ello, el horario escolar de Patria y Unidad inicia a las 2:00 p.m. y termina a las 6:00 p.m., aunque a veces pueden extenderse algunas horas más. La gran mayoría de los 36 alumnos son niños que buscan reforzar los conocimientos que adquieren en sus escuelas. “Pero puede venir cualquier persona, y no sólo los del barrio”, declara Nico durante entrevista al diario argentino Clarín.
El niño se toma su labor de profesor muy en serio. “Están aprendiendo, no vienen a jugar”, dice. Y quien puede testificar acerca de lo estricto que es el pequeño maestro es Mirta Donoso, quien tiene 40 años y es la mayor de la clase.
"A veces le pregunto si una cuenta está bien o mal, sino me pone un uno así de grande”, narra la mujer que camina más de media hora bajo el sol para llegar a la escuela. “Mimí” relata, entre lágrimas, que gracias a Nico ya puede escribir su nombre.

La construcción de un sueño

La historia del pequeño profesor se difundió en marzo y, desde entonces, los premios y los reconocimientos se multiplicaron. Sin embargo, el sueño de Nico es ampliar su escuela: “Me dijeron que iban a construir un salón para dar clases, la idea es que el año que viene ya esté listo”, se entusiasma.
Sin embargo, como no había novedades de las promesas de apoyo que le dieron al niño, su abuela Ramona decidió ayudar en la construcción de los anhelos educativos de su nieto: pidió un crédito para comprar materiales de construcción para iniciar con el mejoramiento de la infraestructura de “Patria y Unidad”.

Amarantha Vázquez martes, 28 de mayo de 2019
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