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Los efectos del divorcio en los niños de 3 a 8 años y cómo se los puede ayudar

El divorcio siempre produce un alto impacto emocional en los hijos. Atenuar este impacto para que sus consecuencias no acarreen un daño irreversible en su desarrollo psico-evolutivo, así como alcanzar una reorganización familiar viable es crucial para los niños.
Pareciera que los matrimonios duran cada vez menos tiempo y no es raro ver padres que se separan con hijos pequeños, a los que les espera una larga tarea de crianza por delante. Es muy importante que estos padres sepan cuales son las reacciones más comunes de los chicos y cómo actuar. Los progenitores que se divorcian, aún los que no querían hacerlo, sienten culpa y por lo general la culpa los vuelve incompetentes para cumplir con las funciones normativas.
Por otro lado, cuando se trata de bebes o niños pequeños, los padres creen que ellos no perciben lo que pasa en su familia y esto es un error, porque los chicos pequeños desarrollan síntomas.
El aumento del número divorcios en los últimos años es una penosa realidad social. Entre el 40 y 50% de las primeras uniones termina en separación o divorcio y la inmensa mayoría de estas personas son progenitores.
Cuando la separación es un hecho y no hay vuelta atrás, tomar los recaudos necesarios para disminuir el impacto de la ruptura marital en los hijos debe ser prioridad uno para los padres. Hay dos cosas que en estas circunstancias deben saber: la primera es, nadie mejor que ellos para ayudar a sus hijos a transitar la crisis y la segunda, que para ayudar a sus hijos deben estar bien informados. El efecto reparador que produce en los niños, especialmente en los más pequeños, el mensaje dicho por ambos padres: "aunque ya no vivamos todos juntos, los dos te vamos a seguir queriendo mucho toda la vida y te vamos a seguir cuidando juntos", no puede ser superado.
El divorcio es siempre para los hijos una experiencia diferente que para los padres: la familia en la cual los niños nacieron, crecieron y vivieron toda su vida se muere y cualquiera fueran sus deficiencias, sienten que es la entidad que les brinda el apoyo y la seguridad que necesitan. El ser humano, al nacer, requiere del cuidado de sus progenitores durante mucho más tiempo que cualquier otra especie y los niños son conscientes de esa dependencia.
Investigadores de distintas especialidades han estudiado los efectos del divorcio en los niños y adolescentes, pero no hay conclusiones unánimes. Un estudio publicado por UNICEF señala que las consecuencias pueden ir de moderadas a graves, de transitorias a permanentes y que dependen: 1) del grado del conflicto previo, especialmente que se involucre o no a los hijos, 2) del ejercicio o no de la coparentalidad (crianza conjunta de los hijos) y 3) de los efectos del deterioro económico y del estilo de vida que por lo general trae aparejado.
El divorcio se ha instituido para los cónyuges, no para los padres, no existen "ex hijos" ni "ex padres". Los esposos no se divorcian de sus hijos, ni entre sí como padres, o... al menos, no deberían hacerlo.
El divorcio disuelve el vínculo conyugal que une legalmente a los esposos y les devuelve la aptitud nupcial, pero conserva el vínculo parental que los une cómo padres. Esta disolución implica la transformación de la familia nuclear original -constituida por padres e hijos- en una familia con una estructura diferente: la familia binuclear, con dos núcleos representados por la casa de la mamá y la casa del papá. Este tipo de configuración familiar requiere para ser viable el ejercicio conjunto de la parentalidad o coparentalidad. Es decir, la familia del divorcio es viable en tanto los padres cumplen conjuntamente las funciones de crianza.
Los divorcios que afectan la coparentalidad se conocen como divorcios destructivos y sus consecuencias adversas para los hijos son irreparables.
Las reacciones y sentimientos de los niños dependen de diferentes factores: edad, explicaciones recibidas, continuidad de la relación con ambos progenitores, acuerdos o desacuerdos entre los padres, grado de hostilidad entre los mismos, intervención de otros adultos o sistemas, etc.
Entre los 3 y 5 años
  • Es común que los niños pequeños esperen la reconciliación durante varios años. También creen ser responsables por el divorcio y, como si hubieran hecho algo malo, se preguntan si el papá (o la mamá) se fue porque ellos hicieron algo que no debían.
  • conductas regresivas como orinarse en la cama, succionar el pulgar, hablar como bebé o portarse mal
  • miedo ante el derrumbe de la estructura familiar
  • miedo a no ver más al padre que se va de la casa o a que el otro lo abandone
  • miedo a que los padres dejen de quererlo. Miedo al rechazo.
  • enojo, que manifiestan golpeando o rompiendo sus juguetes
  • tristeza, depresión, baja autoestima
  • se sienten responsables del divorcio: autoacusaciones
  • preocupación
  • usan la fantasía para negar lo que está sucediendo e imaginan que "sus padres se volverán a unir".
  • les aseguran una y otra vez que los quieren y los querrán siempre. Hay que repetírselos y demostrarlo tanta veces como sea necesario,
  • les aseguran que verán regularmente al padre que no convive (si efectivamente va a ser así),
  • les aseguran que no son responsables del divorcio,
  • les dicen que ellos también lamentan el divorcio y no haber podido resolver las cosas de otra manera,
  • los escuchan, permitiéndoles expresar su tristeza y su enojo,
  • les brindan apoyo y compresión,
  • no hablan mal del otro padre en su presencia. Los niños reciben cómo dirigida hacia su propia persona cualquier apreciación negativa o injuriosa que recaiga sobre un progenitor,
  • no los usan como mensajeros, espías o rehenes,
  • no les piden información acerca de que cosas tienen o hacen en la otra casa,
  • no los involucran en las peleas,
  • discriminan su rol de padres de su rol de ex cónyuges,
  • les explican los arreglos de vivienda, visitas y otros cambios que sucederán.


De 6 a 8 años
  • No relacionan en un principio la conducta de sus padres con la disolución de la familia.
  • Piensan que sus progenitores se volvieron locos, sienten miedo, angustia y desconcierto; están confundidos, tratando de comprender quienes son y adónde pertenecen. Cuando los padres se separan, los niños se sienten solos, impotentes, profundamente tristes, pero también con rabia y enojo.
  • idealizan al padre ausente y agreden a aquél con el cual conviven,
  • sienten que sus padres son egoístas por no haber conservado la familia,
  • sienten que sus padres los han traicionado,
  • el miedo puede derivar en problemas de conducta,
  • están preocupados por el padre que se va, no importa cómo haya sido su relación con él,
  • otras veces sienten que el padre que se va de la casa los abandona deliberadamente,
  • sienten que no los quieren,
  • no pueden usar la fantasía para negar -como hacen los más chiquitos- pero no son lo suficientemente maduros como para entender el proceso de duelo,
  • anhelan volver a unir a sus padres,
  • se distraen con facilidad, dificultades para concentrarse en el juego y en las tareas escolares,
  • pueden convertirse en "cuidadores" de un padre (generalmente al que ven más sólo o más débil) o asumir un rol parental en el hogar,
  • llanto fácil, pesadillas, dolor de panza o de cabeza,
  • otras veces, dicen que "todo está bien", niegan la tristeza y la incomodidad o inventan historias sobre el padre ausente,
  • pueden tornarse demandantes para compensar lo que les falta,
  • en los "divorcios destructivos" el miedo deriva en el desarrollo patrones de comportamiento perjudiciales a largo plazo: mentira, robo o agresión,
  • otras veces, tienen conductas manipuladoras y aprovechan las fisuras entre los adultos para satisfacer sus caprichos,
  • hay niños que ven a sus padres violar las normas que ellos mismos les enseñaron y les da vergüenza cuando los escuchan pelear,
  • otros, cuando la tensión familiar crece, desarrollan síntomas físicos (vómitos, dolor de cabeza, de panza) que a modo de "bracke" separan a los contrincantes para ocuparse de ellos.
  • cumplen con lo especificado en el ítem anterior,
  • les explican el divorcio en términos que pueden entenderlos,
  • tratan de que entiendan, que así como no son responsables del divorcio, tampoco lo son de la reconciliación,
  • no los aceptan como "un jefe" en la casa, "cuidadores" o "aliados",
  • aceptan sus sentimientos de enojo o de tristeza como naturales,
  • no los involucran en pelea conyugal,
  • los padres deben tratar de conservar estables tantos aspectos de la vida de sus hijos como sea posible.


Pueden desarrollar:
En esta etapa, los padres los ayudan cuando:

El aspecto menos diagnosticado del divorcio es la depresión en los niños. A menudo están tristes, distantes y esquivos aunque les vaya bien en la escuela. Los síntomas incluyen mal humor, enojo y peleas. Habitualmente estos síntomas no son considerados una evidencia de depresión pero generalmente los son. Los chicos cuando se deprimen se vuelven irritables, contestan mal, no escuchan y hasta sobresaltan con exabruptos. Cuando la depresión no se detecta y orienta, estas conductas empeoran dejando perplejos y sin saber que hacer a padres y maestros.
A esta edad los niños:
En esta etapa, los padres los ayudan cuando:
Otro aspecto sumamente importante a tener en cuenta para el desarrollo saludable de los hijos es que los padres deben mantener entre sí un diálogo regular, por ej., una llamada telefónica semanal, que les permita compartir los progresos psicoevolutivos y tomar conjuntamente las decisiones importantes de la vida de sus hijos. Cuando el nivel de hostilidad entre ellos no lo permite, es necesario buscar ayuda profesional para restaurar o construir el ejercicio conjunto de la parentalidad.
*Dora Davison. Presidente de la Fundación Familias Siglo XXI. Coordina el curso para padres en proceso de divorcio, " Acuerdos duraderos". Autora del libro: Familias Ensambladas. Mitos y realidades delos tuyos los míos y los nuestros. Vergara Ediciones y de numerosos trabajos sobre estos temas.

[1]Nuevas formas de familia. Perspectivas Nacionales e internacionales. UNICEF y UDELAR. Uruguay. Nov. 2003

Amarantha Vázquez miércoles, 23 de enero de 2019
El comportamiento en la mesa

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A veces, mis hijos pelean durante la cena. ¿Cómo puedo hacer para calmarlos y que todos disfrutemos de ese momento?
“Debes enseñarles a parar, a pensar y a ponerse de acuerdo cuando tienen rabietas. En algunas ocasiones te sacarán de onda, pero si les gritas se encerrarán más. Eso sí, háblales con firmeza y pon las reglas porque, si no, se saldrán con las suyas. También tienes que instruirlos con el ejemplo: evita tú misma las discusiones o enojos con tu pareja durante la cena. Si notas que el problema es repetitivo, háblalo en otro momento, fuera de la mesa, para solucionarlo de raíz”.
Mi niño a menudo se resiste a comer lo que hemos preparado. ¿Qué me sugieres?
“Imagínate si yo, con cinco hijos, hubiera tenido que hacer cinco platos distintos; en mi casa se comía lo que había. Ahora muchas mamás les preguntan a sus niños qué quieren para comer. Y preparar un plato para cada uno es como dejarlos escoger un jabón de baño: uno quiere líquido, aquel quiere de barra y el otro prefiere la espuma. ¡Dios bendito! Eso le hace la vida muy difícil a una. Desde pequeño debes enseñarle que se sirve sopa para todos, arroz para todos y carne para todos”.
¿Hay algún problema con que los niños coman mirando televisión?
“Si ellos están viendo TV no pueden concentrarse; el cerebro en ese momento como que no les funciona: no hay gusto, no saben qué comieron, no miran a nadie, ni ven que los miran. Están en otro mundo. Cuando mis hijos y nietos me visitan, la hora de comer es sagrada; no hay TV y dejamos los celulares a un ladito para compartir en familia”.
Alba Muñoz es una abuela colombiana residente en Queens, Nueva York. Tiene 5 hijos y 10 nietos, de entre 1 y 15 años.
Este artículo fue publicado en la revista Parents Latina en el número de octubre/noviembre 2017

Amarantha Vázquez martes, 22 de enero de 2019
la vida con un recién nacido

Desde que llegué a nuestro hogar con mi bebé he sufrido muchos altibajos emocionales… ¿Cómo puedo salir de esto?
“Todas pasamos por lo mismo de una forma u otra. Un día estás triste y luego esa tristeza se convierte en alegría al ver sonreír a tu bebé –los niños de ahora sonríen desde recién nacidos, antes eran más serios-. Para mí, es importante que busques el contacto con otras personas que te animen y a las que puedas comentarles tus emociones. Y también, ¡sal de casa! Agarra a tu bebé y llévalo a dar una vuelta. Porque una cosa es segura, hija, –según mi experiencia- nada se combate quedándose encerrada”.
“Estoy todo el tiempo agotada, ¿Cómo le pido a mi pareja que colabore más conmigo y con el bebé?”
“¡Ay, los maridos! Los hombres modernos están más abiertos a ayudar. En mis tiempos, el mío nada más se afanaba a trabajar. Yo me encargaba de todo, y cuando él llegaba a la casa, les hacía gracias y hasta ahí nomás. Pero ahora veo a mis hijos encargarse de los quehaceres, y digo: ‘My God! ¡Cómo son las cosas de la vida!’. Tú debes hablarle directamente y con tacto. También es un momento de cambios para él y si le hablas mal, no va a ceder. Recuerda que todo es entre los dos, cada decisión y cada solución. Y que la comunicación en la pareja debe ser más fuerte que nunca”.

“No quisiera que mi hijo mayor sienta celos por la llegada de su hermanito. ¿Cómo podría evitar esa rivalidad?”
“¡Con paciencia! Nunca olvidaré que mi hijo mayor parecía muy contento cuando nació su hermanita, pero cuando me descuidaba, ¡le daba el totazo! Debes estar muy alerta. Trata de compartir con el mayor un momento a solas –ir al cine o al parque— y también sal con ambos para que se acostumbre a su hermanito y participe en el cuidado del bebé. ¡Justo como antes! Las mujeres del campo tenían 10 o 12 hijos donde los mayores hacían las veces de mamá y papá, y fíjate: la mayoría de esas familias resultan bien unidas”.
Este artículo fue publicado en la revista Parents Latina en el número de Agosto – Septiembre 2017.

Amarantha Vázquez
Olivia Espinoza, la mamá que transformó el autismo de su niño en acción

Por Giselle Balido.
Olivia y Luis Espinoza siempre soñaron con ser papás, pero por una condición médica que padecía ella, el sueño no se hacía realidad. Nueve años después, al enterarse de que al fin iban a ser padres de un niño, decidieron llamarlo Matthew, que significa “regalo de Dios”.
Cuando aquel bebé, que hoy ya tiene 12 años, tenía apenas 10 meses, Olivia percibió señales que llamaron su atención. “Como madre primeriza no tenía experiencia, pero noté que él no hacía ciertas cosas, como señalar con el dedo, y tenía un aleteo en sus manos. A los 20 meses, Matthew recibió su diagnóstico de autismo por parte de un neurólogo”, recuerda, no sin admitir lo difícil que fue escucharlo.
“En ese momento, tienes dos opciones: o caes en una depresión o sigues adelante en busca de ayuda para que tu hijo pueda tener una mejor calidad de vida. Nosotros optamos por la segunda”, dice.
Como vivían en un pueblo en Nevada donde no había recursos para su hijo, la familia se mudó a Las Vegas. “Nuestra prioridad era estar donde Matthew estuviera más contenido, con terapias y mejores programas en la escuela”, explica.
Pero se toparon con otra realidad: casi no había información sobre autismo –ni programas de ayuda– en español. “Las conferencias o reuniones eran solo en inglés. Si pedíamos un intérprete, aun pagado por nosotros, nos decían que no era posible. ¡Era muy frustrante!”.
Una vez más, Olivia no se dejó vencer y puso en práctica el refrán: “Sé el cambio que deseas ver en
el mundo”, y decidió crear una organización de ayuda en español.

“Fue una decisión difícil. Yo no sabía hasta dónde podíamos llegar
y necesitaba reunir un grupo de familias para trabajar juntas”.


Al mismo tiempo, reclutó a médicos y especialistas de su comunidad para que ofrecieran información en forma gratuita. “Sólo tuve que preguntarles y aceptaron. ¡Es increíble lo que puedes lograr sin dinero cuando te motiva el amor por tus hijos!”, dice.
Así, en 2010, se fundó Azulblue, una organización sin fines de lucro que toma el nombre del color distintivo del autismo, y que brinda orientación, conferencias, charlas, una revista bilingüe y asistencia psicológica familiar. Los niños y jóvenes participan también en distintas actividades didácticas y recreacionales como fiestas sociales o campamentos de fútbol.
“Matthew va a soccer. Al principio no se interesaba, pero ahora patea la pelota sin que se lo pidan”, cuenta.
“Cuando uno tiene un niño especial, se pregunta ‘¿Por qué yo?’. Es natural, yo me lo pregunté”, dice la también mamá de Annakaren, de 9 años, quien no padece autismo. “Entonces no tenía respuesta, pero ahora sé por qué Matthew vino a mí con esta condición. Gracias a eso encontré el propósito de mi vida: servir a la comunidad”, cuenta. 
Hoy quiere transmitirles a otros padres el espíritu que la motivó a trabajar para mejorar la vida de su hijo y la de otros niños: “Únanse a otras familias y trabajen juntos. El poder de los padres es la clave para sacar adelante a nuestros hijos”.
Actualmente, más de 200 niños y jóvenes participan de Azulblue. Para más información o para hacer una donación, visita el sitio azulblue.org

Amarantha Vázquez
Cómo encontrar un buen preescolar



No hay mucha diferencia entre las guarderías (donde aceptan hasta bebés recién nacidos) y los centros preescolares de calidad. Ambos operan de manera similar y son regulados por los mismos organismos. 

Tanto en las guarderías como en los preescolares tienen planes de estudios o de actividades estructurados. 

Los centros preescolares suelen ofrecer programas más cortos que las guarderías, lo cual significa que tendrás que pagar más por horas extras si quieres un programa de todo el día. 

A diferencia de las guarderías, donde se aceptan niños de diversas edades, en el preescolar, generalmente, los niños se dividen por grupos de acuerdo a su edad. Algunos centros preescolares tienen un enfoque más académico, así que si eso es importante para ti, tenlo en cuenta al empezar a buscar.

Empieza temprano tu búsqueda. Es recomendable que presentes solicitudes un poco después de que nazca tu hijo (¡no es broma!) ya que los centros preescolares de calidad son escasos y por lo tanto su cupo es limitado. También es aconsejable que presentes solicitudes en más de una escuela por si no te aceptan en tu primera opción. 

Una vez que encuentres dos o tres escuelas que te gusten, asegúrate que realmente cumplen con los requisitos que estás buscando. A continuación te brindamos una guía en la que te puedes basar para encontrar una buena escuela para tu pequeño: 


Identifica tus prioridades

Primero, decide qué es lo que quieres. ¿Estás buscando un preescolar cerca de tu trabajo o de tu casa? ¿Quieres que ofrezcan actividades como baile y hora de cuentos? ¿Estás buscando un enfoque de aprendizaje específico, como el que encontrarías en un programa Waldorf o Montessori? Anótalo todo, así puedes usar tu lista como referencia a medida que evalúas todas tus opciones. 


Investiga

  • Investiga cuáles son los preescolares con mejor reputación. Tus amigos y familiares te pueden contar qué es lo que les gusta de las escuelas de sus hijos. Casi siempre, las recomendaciones personales son las mejores.

  • Pregúntale a los expertos. Puedes llamar a la línea de ayuda Childcare Aware (Cuidado Consciente de Niños) al 800-424-2246. Allí te pueden dar el número de teléfono de su sucursal en el área donde vives. Ellos te brindarán recursos y una lista de escuelas acreditadas cerca de tu hogar.

  • La acreditación, por sí misma, no es una garantía de que un determinado preescolar será el ideal para tu hijo. Sin embargo, por lo general, si encuentras un preescolar con el sello de aprobación de la National Association for the Education of Young Children’s (Asociación Nacional para la Educación de Niños Pequeños o NAEYC, por sus siglas en inglés), es una señal que es una escuela de calidad.

  • Visita la Internet. Tanto la NAEYC como la National Association of Family Child Care (Asociación Nacional para los Hogares de Cuidado Infantil) tienen páginas de Internet. Visita esos sitios para encontrar ideas e información. En la página de NAEYC también podrás encontrar una base de datos de centros preescolares acreditados en tu área.

  • Consulta la guía telefónica, pero sólo como último recurso. La guía de las páginas amarillas debe tener una lista de preescolares en tu zona, pero la información que proporciona es limitada. Puedes usar este recurso como un punto de partida y llamar a los lugares que te interesen para mayor información. Ten en cuenta que los lugares que se anuncian en las páginas amarillas no necesariamente cuentan con los permisos necesarios para operar.


Visita el lugar


Puedes hacer algunas preguntas preliminares por teléfono (para averiguar el costo, por ejemplo), pero tendrás que ir al centro preescolar para que realmente veas cómo es y para que conozcas al personal y al director. Asegúrate que el lugar esté a prueba de niños (por ejemplo, que las tomas eléctricas tengan protectores de seguridad). 

También es recomendable que tengas una lista con las preguntas que le quieras hacer al director o a la persona encargada (desde el horario y los costos hasta su filosofía en cuestiones como la disciplina). 

Pide que te muestren el horario de las actividades diarias y las reglas del preescolar. Presta atención a lo que te dice tu instinto acerca del lugar y cómo responde el director a tus preguntas. 

Imprime nuestra guía para ayudarte a elegir una buena escuela para tu niño; la puedes llevar contigo cuando visites los centros preescolares. 

Ten en cuenta el número de niños que habrá en la clase de tu niño y cuántos maestros tienen asignados para cuidarlos. Lo ideal es que haya un maestro por cada siete niños de 3 a 4 años de edad. Y un maestro por cada 15 niños de 5 años. 

También observa de cerca cómo interactúan las maestras con los niños. Asegúrate que sean amigables, cariñosas, y alentadoras. 

Busca un programa estable y que estimule el desarrollo de tu niño. Fíjate que la escuela tenga un ambiente cálido, limpio y seguro. Además es muy importante que los maestros tengan experiencia y que cuenten con un buen salario y estén contentos con su trabajo. Los niños anhelan la regularidad y necesitan tener una relación estrecha con las personas que los cuidan, así que no querrás una escuela con una alta rotación de personal, donde después de unos meses los maestros dejan su trabajo. 

El escoger un preescolar es una decisión sumamente personal. Si, después de visitar el sitio, sientes que puedes dejar a tu hijo ahí, lo más probable es que sea el lugar adecuado para el niño. 



Habla con otros padres


Las recomendaciones personales son esenciales. Si todo el mundo habla bien de un preescolar, pregunta a algunos padres las razones por las cuales están contentos con esa escuela. Algunas escuelas te pueden proporcionar una lista de padres de familia con los que puedes hablar. 

Cuando platiques con los papás, hazles preguntas específicas sobre qué es lo que realmente les gusta y no les gusta del lugar. También podrías llamar al Better Business Bureau (Buró para la Mejoración de los Negocios) de tu estado para ver si existen quejas en contra de la escuela o sus maestros. 


Ponlo a prueba

Regresa al preescolar que te gustó con tu hijo. Observa cómo interactúa con las maestras y asegúrate que se sienta cómodo en el ambiente de la escuela. “Yo sabía que había tomado la decisión correcta cuando vi la reacción de mi hija”, dice Svetlana Robledo, una periodista que vive en San Francisco. “Nina estaba rebosante de alegría después de pasar un día ahí y no podía parar de hablar acerca de todas las cosas que estaba aprendiendo y haciendo”. 

Pon tu nombre en la lista de espera


No te desesperes si no puedes matricular a tu niño en el preescolar de tus sueños, debido a que no tiene lugares disponibles. Pon su nombre en la lista de espera y escribe una carta explicando por qué te gusta tanto esa escuela. Aunque eso no te garantiza que aceptarán a tu hijo de inmediato, no tienes nada que perder demostrándole a la escuela lo entusiasmada que estás.

Mientras tanto, ayuda mucho ser precavida. Debido a que presentaste solicitudes en varias escuelas, tendrás otras opciones para tomar en consideración. 

Amarantha Vázquez lunes, 21 de enero de 2019
31 juguetes que no debieron existir nunca.

Existen juguetes muy maquiavélicos que, aunque parezcan mentira, han existido y, en algún momento, han estado a la venta en alguna parte del mundo.
Uno de los mayores pasatiempos de los niños es jugar con sus juguetes. Esos pequeños artilugios que tanta importancia tienen en la infancia de cualquier persona. Son casi tan antiguos como la humanidad.
Cuándo empezaron a existir estos, es decir, el origen de estos artículos no es del todo clara. En algunas excavaciones se han encontrado artículos de la época del Paleolítico que, aunque a priori se creía que se trataba de objetos para rituales, lo cierto es que el tamaño que tienen casi los hace imposibles para esta acción.
Además, se sabe que en la época romana los niños jugaban con muñecas de marfil, sonajeros y carritos de caballos con ruedas. Mientras, en Egipto, también existían pequeñas figuritas y animalitos.
Lo cierto es que los juguetes van avanzando en paralelo a la sociedad. En tiempos anteriores era muy común que fueran artesanales o que, incluso, fueran fabricados por los propios niños (a menudo imitando objetos de la vida real). ¿Quién no recuerda aquellas ruedas de bicicleta que se hacía giran y girar con un palo mientras se corría detrás de ellas? ¿Y las mazorcas de maíz convertidas en muñecas?
Cuando llegó la Revolución Industrial también llegó la revolución de los juguetes. Su fabricación se volvió mecánica y había posibilidad de crear algunos mucho más elaborados que los que se conocían hasta entonces. Por su parte, la llegada de la tecnología ha permitido la fabricación de juguetes muy sofisticados que cada vez tienen más funciones.
Pese a que existen un montón de variedades en el mercado, los más educativos tienen que seguir siendo la preferencia paternal a la hora de comprar un juguete al niño. Los juguetes de construcción o, incluso, los de madera, son una buena herramienta para ello.
Aunque los juguetes han avanzado con el paso del tiempo, por desgracia existen algunos que no deberían haber salido nunca a la luz. Juguetes salidos de mentes maquiavélicas que más que entretener y educar, prometen un futuro muy perturbador a todo aquél que juegue con ellos.
La tuitera @Pepipinillo se ha encargado de recopilar los más escalofriantes y nosotros te traemos una galería con todos ellos.
AVISO: Nadie quedará indiferente después de ver las imágenes.

Muñeco que viene de nalgas


Bebé embarazado x2

Como si de una muñeca rusa se tratase, este BEBÉ está EMBARAZADO de otro bebé que, a su vez, también está embarazado. Un sinsentido en sí mismo. ¿Lo peor de todo? El pack viene con tres biberones en diferentes tamaños.


  • Bebé embarazado x2

  • Cerdo diseccionado

    ¿Para qué comprar laboratorios de juguete con los que el niño pueda explorar el mundo de la biología si puedes comprar un cerdito que, literalmente, se puede diseccionar trozo por trozo?
Cerdo diseccionado

Amarantha Vázquez domingo, 20 de enero de 2019
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