
Por Nieto Vargas, María Francesca.
Educadora de párvulos y Profesora de Enseñanza Básica NB1, con mención en Inglés. Licenciada en Educación. Egresada de la Universidad del Mar año 2007, Sede Iquique. Chile. Máster en Investigación en Didáctica, Formación y Evaluación Educativa, de la Universidad de Barcelona, España.
RESUMEN
Es de gran importancia, desarrollar en los futuros docentes, características que guíen el trabajo docente, adquirir habilidades y competencias que le permitan guiar su práctica educativa, sus experiencias de aprendizaje y sus actividades dentro del aula para y con sus estudiantes, pero si bien es importante todo aquello que da forma física a la tarea de un educador; es aun más importante desarrollar un clima personal de superación, autoconfianza, esfuerzo, posibilidad de ser y de hacer, poseer la capacidad de resolver problemas, rehacerse constantemente ante las dificultades, sobreponerse a la adversidad y ser a través de sí mismo, una presencia para sus alumnos y no una ausencia para ellos, transmitir todo aquello emocional que el maestro es capaz de entregar durante la formación y en todo momento, durante sus clases en el aula, o en momentos de esparcimiento fuera de esta, en definitiva, en todo lugar en el cual está presente.
El educador traspasa y trasmite todo aquél saber a sus estudiantes a través de su propio cuerpo, sus actitudes, acciones y la manera en que se muestra frente al mundo, tomando en cuenta que su mundo es todo entorno en el cual se desenvuelve, sin diferenciar ambientes pedagógicos, ambientes sociales, ambientes personales, y todo aquél en el cual se inserta en el día a día. En conclusión, si un docente es capaz de creer en sí mismo, será capaz de creer en los demás, proporcionando una visión más positiva de los problemas y utilizando la adversidad como una oportunidad de cambio en su labor diaria.
AUTOCONCEPTO Y AUTOESTIMA DEL PROFESORADO
Las percepciones que tiene el profesorado de sí mismo cambia según los años de docencia que lleve impartiendo, a menudo los profesores noveles tienen un autoconcepto diferente al de un docente que lleva años en su profesión, lo cual no significa que sea siempre así. Generalmente el autoconcepto que el maestro ve de sí mismo, no es más que un reflejo de cómo la sociedad actual tiene de él. Por lo cual es importante que el docente mantenga una visión pedagógica y creativa en la cual educar, sea desde el docente como presencia y no solo desde la imagen que ejerce sobre sí mismo, de manera que su labor trascienda en el tiempo y en las vidas de sus alumnos, que no sea solo una simple transferencia de conocimiento entre docente y estudiante, sino que vaya más allá.
Hoy en día estamos insertos en ambientes que de un momento a otro se ven invadidos de constantes cambios, en todos los ámbitos de nuestras vidas, en el aspecto personal, social, laboral, físico, emocional, por nombrar algunos entre los más importantes. Aquellos cambios suponen remecer lo que con tanto esfuerzo se intenta mantener en calma, puesto que muchas veces se nos dificulta mantener una actitud de tolerancia, esperanza y perseverancia frente a aquello que nos invita a recibir algo nuevo, sea positivo o negativo para nuestra existencia. Pues es algo que invade nuestros esquema. Hué, C. (2008) “El malestar docente afecta principalmente al autoconcepto que sobre sí tiene el profesorado provocando en él sentimientos de inseguridad, falta de autoestima y, lo que es más importante, una deficiencia en su identidad personal” (p. 28)
El autoconcepto que el docente tiene de sí y de sus pares generalmente responde al concepto que la sociedad tiene en general de los maestros y de su trabajo educativo. Es verdad que este concepto al cual responde la sociedad tiene mucho que ver con la postura que se enfrenta el maestro a esta misma sociedad, que en cierto modo lo relega de su verdadera identidad profesional. Esteve, J.M (1994) comenta que “Los problemas referidos a la consideración social de su trabajo les plantea una auténtica crisis de identidad en la que los enseñantes ponen en cuestión el sentido de su propio trabajo e, incluso, a sí mismos”. Por lo cual, la necesidad de formar al profesorado respecto de la creatividad para resolver problemas y enfrentar adversidad, es una realidad latente.
Muchas veces en nuestras prácticas pedagógicas nos vemos enfrentados a un sinfín de adversidades en el día a día, las cuales dependiendo de cómo las enfrentemos podrán dificultar o no nuestra tarea como docentes; también y no en menor escala nos vemos enfrentados a dificultades en nuestra vida personal, las que pueden influir o no en nuestras demás facetas (profesional, social, emocional, etc.). La manera en cómo enfrentemos estos conflictos serán claves para determinar la postura en que cada uno es capaz de resolverlos.
Es primordial que quienes forman personas y más aun, aquellos que forman docentes, sean capaces de creer en ellos y en lo que hacen, en las tareas que realizan, pues es difícil pensar que si el docente no tiene la convicción de creer en lo que realiza, ¿cómo se reflejará en la sociedad su labor pedagógica? Y aun más ¿de qué manera se verá desfavorecida su profesión?. Un educador amargado, pesimista, hipersensible, poco convencido de su valía, tendrá dificultades para ayudar a los otros a conseguir lo que él no tiene. Hemos de facilitar como equipo (a través de la formación, del trabajo y del descanso en equipo, de la reflexión sobre el propio estilo de vida, etc..) la presencia entre los educandos de educadores con un autoconcepto positivo, capaces de manejar adecuadamente sus emociones, que se atreven, se equivocan y rectifican, que se cuidan, que tienen una vida sana, que se sienten capaces de analizar causas, valorar ventajas e inconvenientes, ejercitar la comprensión de puntos de vista ajenos, demostrar que entienden perspectivas que no comparten, proyectar, criticar (dando pistas para cambiar) y recibir críticas. El potencial educativo de los modelos de referencia es, obviamente, especialmente significativo cuando hablamos de competencias intra e interpersonales.
Es fundamental que el docente (independiente del nivel en el que realice sus clases), interiorice en su “yo interior” la convicción de que su presencia en el aula, es capaz de marcar la diferencia respecto a la metodología con que aprenden sus estudiantes, las estrategias que utiliza en comparación a otros docentes. Haciendo referencia a la resiliencia como método conductor de la superación de este tipo de actitudes y situaciones. El docente debe ser un agente de transmisión de la pedagogía tal como la define Toro, J.M (2005): “es el arte de llenar de vida los espacios educativos, la capacidad para extraer, exaltar y recrear el potencial vital y de crecimiento que contiene cualquier suceso, cualquier incidencia, cualquier realidad humana”. (p.25).
Y abunda Maturana (1999, c.p. Moraes, M. y De la torre, S. 2003) diciendo que:
Educar es configurar un espacio de convivencia, es crear circunstancias que permitan el enriquecimiento de la capacidad de acción y reflexión del ser que aprende. Es crear condiciones de formación del ser humano para que se desarrolle en sociedad con otros seres, para que aprenda a vivir/convivir y afrontar su propio destino y cumplir la finalidad de su existencia (p.78).
Transformar la pedagogía y todo lo que el término engloba en sí, es querer mejorar nuestras prácticas docentes a través de la comunicación con nuestros estudiantes, es pretender en cierto sentido dejar de creer que la utopía es más fuerte. Y quien debe hacer ese cambio es el propio docente desde sí mismo, desde su labor, desde su más profundo yo.
Es importante además repensar aquello que agobia el quehacer pedagógico, generalmente el sentimiento que muchas veces abruma a los docentes, es el agotamiento físico seguido por el emocional y el estrés laboral, lo que no demora en provocar desvinculación con los alumnos y el entorno educativo, por lo que un cambio de actitud frente a este tipo de situaciones, cambia todo. Toro, J.M. (2005) comenta:
Quedé gratamente sorprendido al comprobar, en más de una ocasión, que cuando me encontraba arisco, enfadado, triste o sin entusiasmo y me “obligaba” a una sonrisa ese estado desagradable se atenuaba o incluso desaparecía. No se trataba de la negación de un estado emocional concreto y del cual era plenamente consciente sino de la afirmación de otro más alegre o amable. El dibujo de la sonrisa en mi cara, aunque fuese algo provocado y trazado con los pinceles de mi propia voluntad o determinación, terminaba coloreando con muchas más viveza y luminosidad mi paisaje interior (p.102).
El docente no solo debe creer en sí mismo porque lo necesita y lo requiere de manera personal, sino porque sus estudiantes esperan que trascienda con toda su presencia, con su cuerpo, con su postura, con el respeto a su propia profesión y el “creerse el cuento”. Autoconvencerse de que su función en la sociedad es importante en tanto trasmita lo que verdaderamente se debe trasmitir. Moraes, M. (2005): “Las concepciones existentes dentro de cada uno de nosotros se revelan también en nuestra manera de conocer, aprender y educar.” (p.27). Por esto es importante que el maestro tenga herramientas para enfrentarse a las dificultades, pues es quien transmite a través de su semblante y su tranquilidad lo importante que es ser una persona resiliente y creativa frente a las adevrsidades. Porque “la sonrisa de un niño que es feliz en la escuela no tiene precio. La sonrisa de un maestro que es feliz en la escuela… eso tampoco tiene precio” (Toro, 2005, p.7)
Como dice el pedagogo italiano Ricardo Tonelli “educar es narrar historias que merezcan la pena ser vividas”. Y podemos hacerlo de dos maneras: ayudando a los receptores de nuestra labor social o educativa a releer su propia historia como una historia que, con todas sus dificultades, merece la pena ser vivida, y, también, ofreciéndoles el trozo de nuestra historia aquella que compartimos con ellos como una historia que para nosotros tiene sentido. Esto se traduce en actuaciones como: tener (nosotros, los educadores) espacios personales y compartidos para pensar y re elaborar nuestro proyecto de vida, tener aficiones, dedicaciones o actividades que llenen de sentido nuestra vida más allá del trabajo educativo, compartir con otros las motivaciones que nos llevan a dedicarnos voluntaria o profesionalmente a la educación, cuidar detalles, gestos o comentarios que nos muestren como personas que disfrutan viviendo la vida y compartiéndola con otros.
EDUCAR DESDE LA PRESENCIA DEL DOCENTE
Crear un ambiente lleno de buenas emociones, es primordial para favorecer la comunicación de quienes se encuentran en él, más aun si es en un clima de respeto por el otro. José María Toro, 2005:
La mayor parte de la vida escolar se desarrolla, se despliega en gestos y acciones sencillas, cotidianas: reencontrarse, saludar, conversar, trabajar, descansar, jugar, leer, escribir, dibujar… Todo esto es tremendamente importante y puede vivirse cargado de sentido y significado. La plenitud de vivir, el gozo de ser, la dicha del encuentro humano no puede estar al margen o fuera de todo eso (p.27).
Los momentos vividos en el aula son aquellos que dejan huellas, la postura del educador frente a la clase y frente a sus estudiantes es capaz de trascender en el tiempo. Esta trascendencia requiere ser positiva, pues a menudo los buenos recuerdos suelen verse afectados por aquellos que no lo son. Muchas veces se nos ha preguntado acerca de la escuela, de la relación con nuestros educadores y solemos evocar a aquél recuerdo que muchas veces nos provoca molestia, aunque no siempre es así, pues generalmente se recuerda aquél docente castigador y dependiendo del alumno se recuerda a aquél educador que entrega su carisma, su alma y su presencia . Toro, J. M. “El cuerpo es el templo de nuestra “presencia”, el altar en el que ponemos todo cuanto ofrendamos en cada momento pedagógico” (2006, p.87).
La presencia del docente es todo aquello con lo cual el docente “enseña”, su cuerpo, su cara, su sonrisa. La comunicación que entrega a través de todo su ser es simplemente indescriptible, por eso es tan importante. Toro, J.M. (2005) nos hace referencia a la importancia de la cara del maestro:
La cara del maestro, de la maestra, siempre es una palabra que está hablando al mundo concreto y cercano que representa la clase; simplemente porque nuestras caras siempre expresan, muestran y reflejan. […]Una cara así es algo hermoso porque trasluce y revela la belleza interior (p.96).
Muestra aquello que muchas veces se nos dificulta dejar ver, ya sea por los problemas que solemos llevar como una carga en la espalda diariamente o por situaciones que se suelen presentar en clases, con los estudiantes o sus padres, con nuestros colegas.
Y apoya comentando:
La sonrisa tendría que ser considerada un elemento típicamente escolar, como son los libros, los cuadernos, los lapiceros o las pizarras. Hoy, quizás más que nunca, es preciso devolver la sonrisa a los rostros de los niños y al semblante de sus maestros y maestras.
La sonrisa ha de “estar presente” en las escuelas. Sin sonrisa y sin la alegría que ella dibuja o revela no hay educación saludable ni gozosa. Es preciso recuperar la escuela, la educación toda como un espacio para la sonrisa, el humor y la alegría (p.100).
Es verdad que la sonrisa del educador debiera considerarse como un aspecto fundamental en nuestras clases, ya que son aquéllas las que abren los espacios más inhóspitos, son ellas las que dan la chance para que un espacio lleno de estudiantes se convierta en un aula, en la cual las experiencias son lo primordial. Es importante extraer las palabras de Toro, J. M. (2005): “Una clase, como grupo, es mucho más que un conjunto de soledades en compañía.” (p.61).
Por lo tanto estos aspectos, son realmente elementales al momento de realizar una clase, pues facilita la realización de ésta, la comunicación y un mejor entendimiento entre los que están insertos en ella. Además es una muy buena estrategia si se ve desde el punto de vista de la mejora de la comunicación y el acercamiento con el estudiante lo que favorece un mejor clima de trabajo en el aula, ya que el docente no solo debe mediar el conocimiento teórico sino que también debe colaborar desde sí, a que sus alumnos sean capaces de creer en sí mismos y a que lo más importantes son ellos como personas, además de la valoración que ellos mismos son capaces de entregarse. Mañú, J. y Goyarrola, I. (2011): “El maestro educa primero con lo que es, después con lo que hace y sólo en tercer lugar con lo que dice […]” A la vez, sabe que es más importante la persona que aprende, que los conocimientos que adquiere” (p.15-16).
IMPORTANCIA DE LA MOTIVACIÓN EN EL DOCENTE
Se trata de buscar e identificar nuestras fortalezas, incluyendo las habilidades olvidadas. No se trata de luchar contra las debilidades, sino de transformar y hacer crecer las habilidades positivas, actualizando su potencial. Las que tenemos y las que tuvimos, pero descuidamos. Vamos a desembolsarlas y ponerlas en forma que nuestro yo, aquí y ahora. Ello nos hará tomar conciencia de que somos mucho más capaces de lo que creemos. Tan sólo se trata de que somos muchos más capaces de los creemos. Tan sólo se trata de que recordemos y actualicemos ese potencial (Rovira, 2002: 49).
Ser educador, profesor, maestro o docente involucra que aquellos que se dedican a la profesión de “enseñar” deban poseer unas capacidades, conocimientos, conductas que la misma profesión y la sociedad le exigen. Como dice Millán-Puelles: “entre los hombres hay algunos cuya forma y manera de ir haciéndose consiste, precisamente, en ayudar a otros a su propia humanización”. Por lo tanto, ese compromiso se transforma en vocación y se expresa en la profesión del docente.
Sobre la profesión docente podemos afirmar que cualquiera de ellas, se apoyan en tres ámbitos: técnico, artístico y moral. Lo técnico y artístico comprende el saber y el ser capaz de realizar y transmitirlo con las competencias necesarias que aquello requiere. Lo moral exige el compromiso personal que debe tener cada educador, y que presume un deber de actuar de cada educador, y que supone sobre todo un deber de actuar de tal manera que por encima de cualquier otra valoración se lleve a cabo aquello que beneficia a los estudiantes y a la comunidad y se deje de lado todo aquello que les puede perjudicar.
Por lo tanto, en la profesión docente el campo ético no se limita a comentar entre conductas buenas o malas, sino que determina un modo de comportamiento y establece cuál es la conducta correcta frente a la desviada. Tenemos que ver las cosas desde una perspectiva diferente respecto de la ética. De la Torre, S. “El nuevo principio básico es que para evitar equivocarnos, debemos aprender de nuestros propios errores. Intentar ocultar la existencia de errores es el pecado más grande que existe”. (p.157)
Ahora bien, cuando se habla de motivación hablamos de una acción orientada a ejercerla con ánimo, entusiasmo, con diligencia. Un docente profesional de vocación, es aquel que tiene además de aquellas habilidades y conocimientos ciertas disposiciones, capacidades y habilidades psíquicas y morales que le facilitan una mayor adaptación a la situación. Tiene muy claro el fin que persigue y le gusta perseguirlo, de tal forma que en ello encuentre alegría por lo que realiza en el día a día.
Mañú y Goyarrola comentan:
El profesor desmotivado considera que no vale la pena hacer esfuerzos, porque al final da lo mismo. Ha perdido la pasión por enseñar. Para ayudar a ese profesor hay que conocer sus circunstancias; es distinto estar quemado temporalmente, por circunstancias pasajeras, que no haber estado nunca entusiasmado con la enseñanza. Es más cómoda la rutina que el esfuerzo, pero no compensa, pues es muy distinto acudir a clase con ilusión, con proyectos, que hacerlo de modo cansino, esperando a que llegue el final de la clase. (2011: p.42)
Puesto que el docente lo desee o no, es muestra de superación de sus alumnos, es visto como un modelo a seguir del cual se puede aprender mucho más que contenido y teoría. Esteve, J. M. “La motivación se transmite: quiera o no el profesor es una jerarquía en el marco social de la clase. Un profesor no motivado, fomenta su descrédito como profesional y genera actitudes similares en sus alumnos – e incluso – peores”.
Cuando un docente está a gusto en su profesión se exige más a sí mismo cuando las circunstancias del trabajo así lo requieren, ejerciendo un dominio sobre sí, sobre sus sentimientos de cansancio, de mal humor, estrés y todas ellas típicas limitaciones de la naturaleza humana. Conoce y acepta las exigencias de su profesión y, además, es capaz de encontrar en este esfuerzo la alegría, los objetivos de su labor como docente y la felicidad que puede transmitir a través de su trabajo.
Todo aquello que el docente sea capaz de aportar a sus estudiantes, serán mayormente basados en la motivación que sienta para educarles; en cuanto a los conocimientos teóricos y para la vida, los docentes necesitarán además de la motivación por educar, poseer un autoconcepto positivo de su labor pedagógica respondiendo a su propia imagen para que la sociedad le valore, y para que sus alumnos se impregnen de su quehacer y su manera de enfrentar las adversidades del entorno.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
De la Torre, S., & Moraes, M. C. (2005). Sentipensar: Fundamentos y estrategias para reencantar la educación. Archidona: Aljibe.
De la Torre, S., (2009). La adversidad esconde un tesoro: Otra manera de ver la adversidad y la vida. Ed. Círculo Rojo.
Esteve Zarazaga, J. M. (1994). El malestar docente (3a rev y ampl ed.). Barcelona etc.: Paidós.
Mañú Noáin, J. M., & Goyarrola Belda, I. (2011). Docentes competentes: Por una educación de calidad. Madrid: Narcea.
Marques, R. (2002). El libro de las virtudes de siempre: Ética para profesores [O libro das virtudes de sempre] (Montserrat Fernández Prieto Trans.). Bilbao: Desclée de Brouwer.
Rodríguez Gómez, G., Gil Flores, J., & García Jiménez, E. (1996). Metodología de la investigación cualitativa. Archidona Málaga: Aljibe.
Rovira Celma, A. (2005). La brújula interior: Conocimiento y éxito duradero Argentina etc.: Empresa Activa.
Toro, J. M. (2005). Educar con “co-razón”. Bilbao: Desclée de Brouwer.
No hay comentarios.
Publicar un comentario