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A lo largo de su historia, nuestra nación ha enfrentado innume-rables retos y hemos sabido, como país, encontrar la manera
de superarlos. Hoy vivimos en un mundo complejo e interconectado, cada vez más desafiante, que cambia a una velocidad
inédita. En muchos sentidos, más que una era de cambios, nos
encontramos frente a un cambio de era.
En medio de esta incertidumbre, tenemos la responsabilidad
de preparar a nuestros hijos e hijas para que puedan enfrentar
el difícil momento histórico que les está tocando vivir y logren
realizarse plenamente. Estoy convencido de que el presente y el
futuro de México están en los niños y jóvenes. Si logramos darles las herramientas que necesitan para triunfar, nuestro país
será más próspero, justo y libre.
Para lograr este objetivo necesitamos una auténtica revolución de la educación. A lo largo del siglo XX, el sistema
educativo hizo realidad su utopía fundacional, que era llevar
un maestro y una escuela hasta el último rincón del país. Hoy
tenemos que ser más ambiciosos y además de garantizar el
acceso a una educación de calidad, ésta debe convertirse en
una plataforma para que los niños, niñas y jóvenes de México
triunfen en el siglo XXI. Nuestra misión es educarlos para la
libertad y la creatividad.
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