EL EXISTENCIALISMO Y LA PRÁCTICA DOCENTE


José Jaime Guadalupe Ramírez Padilla 

Con el propósito de sustentar la práctica docente en la corriente filosófica del existencialismo, intentaré primeramente definir este concepto: Se le llama existencialismo a un conjunto de filosofías o de direcciones filosóficas que tienen en común el instrumento de que se valen: el análisis de la existencia. Estas direcciones toman la palabra existencia como el modo de ser propio del hombre en cuanto es un modo de ser en el mundo, o sea, siempre en una situación determinada, analizable en términos de posibilidad.

Por tanto el análisis existencial es el análisis de las situaciones más comunes o fundamentales en que el hombre llega a encontrarse, en tales situaciones, el hombre no es nunca la totalidad infinita, el mundo, el ser o la naturaleza. Por lo tanto el termino existencia tiene para el existencialismo un significado del todo diferente de los términos que, como conciencia, espíritu o pensamiento sirven para interiorizar o para hacer inmanente en el hombre la realidad o el mundo en su totalidad.

Existir significa hallarse en relación con el mundo, o sea con las cosas o con los otros hombres y ya que se trata de una relación no necesaria en sus modos de actitud, las situaciones en que toma forma pueden ser analizadas solamente en términos de posibilidad, estas direcciones filosóficas, aunque difieren radicalmente en varios de sus puntos, coinciden en establecer que es la existencia del ser humano, la libertad del ser, la que define su esencia, en lugar de ser su esencia humana la que determina su existencia.

Existencialismo: del latín existentia: existencia. Filosofía de la existencia, corriente irracionalista de la filosofía burguesa contemporánea, surgió (después de la primera guerra mundial en Alemania, luego en Francia, y concluida la segunda guerra mundial en otros países, entre ellos los Estados Unidos de Norteamérica) como intento de crear una nueva concepción del mundo en consonancia con los estados de ánimo de la intelectualidad burguesa. El término existencialismo fue introducido por el neokantiano Fritz Heinemann en 1929. Las fuentes ideológicas del existencialismo son: la filosofía de la vida, la fenomenología de Husserl, la doctrina místicoreligiosa de Kiekegaard. Se distingue el existencialismo religioso (Marcel, Jaspers, Berdiáiev, Buber) y el ateo (Heidegger, Sartre, Camus).

En esta corriente filosófica, la existencia ha hallado su reflejo en la crisis del liberalismo burgués, incapaz de dar respuestas científicas a las cuestiones planteadas por el hacer práctico social e histórico de nuestros días, impotente para explicar la inestabilidad, los sentimientos de angustia, desesperación y desolación inherentes al hombre de la sociedad burguesa. 

El existencialismo constituye una reacción irracionalista al racionalismo de la Ilustración y a la filosofía clásica alemana. Afirman los filósofos existencialistas que el principal vicio del pensamiento racional estriba en tomar como punto de partida el principio de la contraposición entre sujeto y objeto, o sea, el dividir el mundo en dos esferas: la objetiva y la subjetiva. El pensamiento racional veía toda la realidad, incluido el hombre, tan sólo como objeto, como esencia, como algo ajeno al hombre. La filosofía auténtica, desde el punto de vista del existencialismo, ha de partir de la unidad entre sujeto y objeto.

Dicha unidad se halla encarnada en la existencia, es decir, en cierta realidad irracional. Según la doctrina existencialista, para adquirir conciencia de sí mismo como existencia, el hombre ha de encontrarse en una situación límite, por ejemplo, ante la faz de la muerte. Ello hace que el mundo se convierta para el hombre en íntimamente próximo. Se declara que el procedimiento verdadero de cognición o, según el existencialismo, de penetración en el mundo de la existencia, es la intuición (experiencia existencial en Marcel, comprensión en Heidegger, iluminación existencial en Jaspers), que es el método fenomenológico de Husserl irracionalmente interpretado.

En el existencialismo, ocupa un importante lugar el planteamiento y la solución del problema de la libertad, definida como la elección que hace el hombre de una entre innumerables posibilidades. El carácter voluntarista de la explicación que el existencialismo formula de la libertad estriba en separar la elección de las circunstancias, es decir, estriba en aislar de la necesidad objetiva, de las leyes, al hombre. En última instancia, los existencialistas convierten el problema de la libertad en un problema puramente ético y entienden la libertad, según el espíritu del individualismo extremo, como libertad del individuo respecto de la sociedad. El existencialismo ha ejercido sensible influencia sobre el arte y la literatura burgueses de nuestros días y, por este conducto, sobre la mentalidad de una sensible parte de la intelectualidad burguesa. La actitud política reaccionaria de la mayoría de los filósofos existencialistas se halla íntimamente vinculada a sus concepciones filosóficas.

Existencia y esencia, dos conceptos con los que la filosofía construye esta corriente de pensamiento moderno, que nos posibilita rastrear una sensibilidad existencialista a lo largo de la historia del pensamiento filosófico y así por ejemplo la máxima de Sócrates “conócete a ti mismo” o con la angustia reflejada en las palabras de Pascal cuando situaba al hombre entre el ser y la nada, a Descartes cuando aseveraba “pienso, luego existo”. En contraposición al concepto de Hegel: “la libertad es la conciencia de la necesidad”, el filosofo danés Soren Kiekegaard, considerado el padre del existen cialismo, opuso la interpretación de la existencia en términos de las formas de existencialismo, la proyección del futuro sobre la base de las posibilidades que constituyen las posibilidades existenciales, en tanto que tienen su anclaje en el pasado, y sólo lo que ya ha sido elegido puede ser elegido.

Para el francés Jean Paul Sartre, las posibilidades que se ofrecen a la elección existencial son infinitas y equivalentes y por tanto, la elección entre ellas resulta indiferente. Para el italiano Nicola Abbagnano y el francés Maurice Merleau Ponty, las posibilidades implican riesgos, renuncia y limitación, con la única diferencia de la posición adoptada por el francés Gabriel Marcel representante del existencialismo cristiano, quien dice que es posible la trascendencia de hombre mediante su encuentro personal con Dios, mediante la fe. Sartre en algunas de sus obras radicaliza las consecuencias del análisis fenomenológico de la conciencia y afirma que sólo el hombre existe verdaderamente, mientras que la materia resiste, el objeto consiste y el animal subsiste y solo el hombre existe. Existe porque tiene conciencia de ser, es un ser para sí y no un ser en sí, es decir un ser no para él, sino un ser para los demás, un ser para todos. Según este filósofo existencialista, negarse a tomar conciencia de sí mismo y, en particular, de la libertad humana, es sinónimo de mala fe.

Existencia y libertad son conceptos equivalentes: para el hombre existir es ser libre. Ser libre es afirmar conscientemente la libertad de elegir. El hombre nace libre y está siempre ante la responsabilidad de elegir, sin conciencia de esta libertad el hombre se cosifica. Así a manera de remembranza Descartes decía, cuando hablaba de la duda como método, no escéptica, sino como método para conocer la verdad “duda de todo, menos de tu existencia”, asimismo Fernando Savater al dirigirse a Amador, le dice: “el ser humano no madura con la edad, sino cuando tiene la libertad de elegir y decidir”.

En el ámbito educativo, el profesor debe hacer conciencia de que como ser humano existe y existe con sus alumnos también como seres humanos y no como cosas, no como objetos sino como seres pensantes e inteligentes y que en el ejercicio de su práctica docente posee su libertad existencial de elegir la mejor metodología para enseñarles, la libertad para elegir las mejores herramientas para evaluarlos, los mejores textos de consulta, la construcción del mejor material didáctico para facilitarles el aprendizaje de los contenidos; pero el ejercicio de esta libertad debe tender a la formación de alumnos libres en el sentido de fomentar en ellos la capacidad de participar, cuestionar con argumentos validos y contundentes, analizar, criticar, sugerir alternativas para mejorar su aprovechamiento para que juntos, profesor y alumnos reconstruyan en la práctica docente el currículo, día con día, sesión, tras sesión con el propósito de que el aprendizaje sea de manera espiral y ascendente. 

Por otro lado, el hombre como decía Aristóteles no puede vivir aislado, sino que vive en sociedad y se debe a esta sociedad, por tanto lo obliga a una segunda superación: del ser para sí ha de pasar al ser para otro, yo no puedo definirme sino en relación con el otro, en otras palabras soy lo que los otros quieren que sea. La existencia del otro es lo que me permite definirme a mí mismo en una relación siempre conflictiva, ya que según las palabras de Sartre el infierno son los otros y la autenticidad y veracidad del hombre es el estar obligadamente solo. Soledad, angustia, desesperación y nausea son estados obligados y habituales de la conciencia del hombre que quiere ser para sí, autoconsciente, a la manera de Sartre el hombre es una pasión inútil. 

El existencialismo, entre sus tesis fundamentales, considera que el ser humano es ante todo una posibilidad, su posibilidad de ser, de nadie puede decirse que es sino después de morir, mientras esté vivo, un individuo es una posibilidad en desarrollo, viva cambiante y esto se debe a que existir no es otra cosa que ser un ser posible. Dentro de este marco, el hombre es ante todo posibilidad, es un ser posible y además creador de posibilidades y siendo una posibilidad en concreto antes de las otras posibilidades que puede fabricar, es por ello mismo libertad, ahora bien, esa libertad contrariamente a lo que podría pensarse, no le otorga automáticamente tranquilidad y sosiego, sino que, esa particularidad, ese principio de libertad intrínseca le obliga a ser más cuidadoso consigo mismo por cuanto le ofrece una inmensa diversidad de opciones para elegir y lo lleva también a curarse de sí mismo, lo coloca en un mundo de posibilidades obligándolo a elegir una y otra vez, y esa elección, aparte de esclavizarlo, lo angustia, lo obliga a cuidarse de su ser, aunque en ciertos casos lo vuelve responsable en tanto que lo lleva a ser mejor, a perfeccionarse.

Desde esta perspectiva filosófica, la educación es una de las formas de perfeccionamiento de los sujetos, existencialmente este perfeccionamiento es una posibilidad, es un propósito ideal, es una verdad por alcanzar, a la manera de Fullat: “la verdad siempre es perseguida, pero nunca alcanzada”; si esta posibilidad se puede ejercitar mediante la práctica docente, entonces profesor y alumnos son una posibilidad de perfeccionarse día a día mediante el acto educativo, mediante la enseñanza y el aprendizaje, pero esta posibilidad implica libertad y elección; pero además implica cuidado, responsabilidad y cuando esto se logra, entonces el binomio docente-alumnos reflexiona sobre la posibilidad de que lo que se hace, se puede hacer mejor, y es hasta este momento cuando se hace conciencia de la posibilidad de perfeccionarse en la construcción de una educación para la existencia, es decir una educación para la vida. 

El existencialismo agrupa dos corrientes, la corriente cristiana y la corriente atea, pero las dos tienen en común la consideración de que la existencia precede a la esencia, o si se prefiere, hay que partir de subjetividad ¿pero que significa esto?, intentaremos explicarlo: Vamos a consideremos un objeto ya fabricado, ya terminado por ejemplo un libro, éste libro fue hecho por un artesano, quien para hacerlo se inspiró en un concepto, se refirió al concepto de libro, e igualmente a una técnica de producción previa que forma parte del concepto, y que en el fondo es una receta para fabricarlo, así el libro es a la vez un objeto que se produce de cierta manera y que por otra parte tiene una utilidad definida, pero no podemos suponer a un hombre que produjera un libro sin saber para que va a servir ese objeto, entonces decimos en el caso del libro, la esencia, es decir, el conjunto de recetas y de cualidades que permiten producirlo y definirlo preceden a la existencia y así está determinada la presencia frente a mi de tal o cual libro, tenemos aquí pues, una visión técnica del mundo, en la cual podemos decir que la producción precede a la existencia.

Desde la corriente existencialista cristiana se concibe a un dios creador de todo lo que hay, este dios se asimila la mayoría de las veces a un artesano superior hacedor del universo y cualquiera que sea la doctrina que consideremos, admitimos siempre que la voluntad sigue más o menos al entendimiento, o por lo menos lo acompaña, y que Dios cuando crea, sabe con precisión lo que crea; así el concepto de hombre, en el espíritu de Dios, es asimilable al concepto de libro en el espíritu del industrial que lo fabricó y Dios produce al hombre siguiendo técnicas y una concepción “a su imagen y semejanza” exactamente como el artesano fabrica un libro siguiendo una definición y una técnica; así el hombre individual realiza cierto concepto que está en el entendimiento divino. Desde la posición del existencialismo ateo, la noción de Dios es suprimida, pero no pasa lo mismo con la idea de que la esencia precede a la existencia, esta idea la encontramos en todas partes, el hombre es poseedor de una naturaleza humana; esta naturaleza humana que es el concepto humano, se encuentra en todos los hombres, lo que significa que cada hombre es un ejemplo particular de un concepto universal, el hombre; en Kant, de esta universalidad resulta que tanto el hombre de la selva, el hombre de la naturaleza, como el hombre de las grandes urbes, están sujetos a la misma definición y poseen las mismas cualidades básicas, así pues, aquí también la esencia del hombre precede a su existencia histórica que encontramos en la naturaleza.

Desde la visión del existencialismo, el hombre es el único que no sólo es tal como el se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace, este es el primer principio del existencialismo, es también lo que se llama subjetividad, o sea que el hombre empieza por existir, es decir, empieza por ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que es consciente de proyectarse hacia ese porvenir, el hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente, en lugar de ser una planta o una piedra; nada existe previamente a este proyecto, nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será, ante todo, lo que ha proyectado ser, no lo que quiera ser. Pero si en verdad la existencia precede a la esencia, entonces, el hombre es responsable de lo que es. Así, el primer paso del existencialismo es depositar en las manos de cada persona la posesión de lo que es y dejar sobre él la responsabilidad total de su existencia, y cuando se dice que el hombre es responsable de sí mismo, no se quiere decir que el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres y al comprometerse no sólo se compromete consigo mismo, sino que se compromete con todos los hombres.

Cuando se dice que el hombre se elige, se debe entender que cada uno de nosotros se elige, pero también queremos decir que al elegirse elige a todos los hombres; en efecto, no hay ninguno de nuestros actos que al crear al hombre que queremos ser, no cree al mismo tiempo una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser. Elegir ser esto o aquello, es afirmar al mismo tiempo el valor de lo que elegimos, porque nunca podemos elegir mal; lo que elegimos es siempre el bien, y nada puede ser bueno para nosotros sin serlo para todos. Si la existencia precede a la esencia y quisiéramos existir al mismo tiempo que modelamos nuestra imagen, esta imagen es valedera para todos y para nuestra vida entera; así, nuestra responsabilidad es mucho mayor de lo que pudiéramos pensar porque al comprometernos, por el hecho de ser humanos, comprometemos a toda la humanidad.

Desde esta perspectiva, si existo y elijo ser docente en lugar de otra profesión, esto me compromete a ser el mejor docente porque con mi práctica estoy comprometiendo a todos los docentes de todas las escuelas de este planeta, porque al elegir ser docente soy responsable para mí mismo y soy responsable para todos y con mi hacer creo cierta imagen del hombre que yo elijo, ya que eligiéndome, elijo al hombre. Esto nos permite comprender lo que se oculta bajo las palabras como angustia, desamparo, desesperación; ante todo, el existencialista suele declarar que el hombre es angustia, esto significa que el hombre que se compromete y que se da cuenta de que es no sólo el que elige ser, sino también un elector, que elige al mismo tiempo a sí mismo y a toda la humanidad. 

El existencialismo pretende ser un humanismo, la filosofía del hombre en consonancia con sus circunstancias históricas; el método utilizado será el propuesto por Husserl filósofo más bien esencialista, es decir, preocupado por lograr que la filosofía alcanzara el nivel de ciencia estricta. Su método no quería limitarse a dar teorías abstractas (intelectualismo marxismo, idealismo), sino a describir con exactitud los fenómenos tal como aparecen en la conciencia. El método se adaptaba bien a los objetivos de la temática existencialista, pero se limitan al uso que, no adoptando el pensamiento global de su autor. Frente al espectáculo de muerte y ruina de la posguerra, la ciencia ofrecía al hombre un avance tecnológico que propiciaría la sociedad de consumo. Esta plantea una doble opción: tener más o ser, es decir elegir la identidad propia. La existencia auténtica consiste en elegir la segunda opción. Sin olvidar que el hombre es un ser temporal e histórico, limitado por unas circunstancias concretas; la existencia auténtica se caracterizará por vivir de acuerdo con el propio ser y tener conciencia de la propia limitación; y en el extremo de su limitación se encuentra la muerte. 

El hombre auténtico no escapa de la angustia de la nada, de la experiencia consciente de ser para la muerte. La existencia auténtica, que vive la angustia, permite desprenderse de falsas ilusiones o seguridades, y reconocerse "desnudo". A partir de aquí, podrá tomar la opción radical de realizarse a si mismo (frente al absurdo mundo consumista sin sentido que le rodea). La existencia auténtica es la realización de la libertad de elección, es decir, frente al sentimiento del absurdo de la muerte elegimos libremente crear valores propios. La existencia inauténtica es la del sujeto que renuncia a la libertad de realizarse a sí mismo, caracterizándose por el anonimato (uno más en la "masa"), la mediocridad (hace lo que la gente hace), la frivolidad (prefiere la charlatanería superficial), la irresponsabilidad (no se plantea problemas, no se esfuerza en buscar soluciones y no prevé consecuencias) y es inconsciente (se evade de las grandes cuestiones de la existencia humana). 

Definir al hombre por su esencia (animal racional, por ejemplo), considerando accidental lo que lo caracteriza como individuo concreto, es lo propio de la filosofía tradicional. Para el existencialismo no es lo importante en el hombre concreto ser animal racional, sino precisamente lo que lo individualiza o lo distingue de cualquier otro. Lo que distingue a una persona de otra son sus decisiones individuales, su ejercicio de la libertad de elección. Es lo concreto, los caracteres individuales que adquiero al cabo de la vida, lo que constituye mi yo. Ese conjunto de caracteres es mi esencia real, no realizada hasta el final de la vida (existencia). Por tanto, la existencia precede a mi esencia, porque ésta sólo será completada al final de aquélla. Además esto ocurre con cualquier objeto. El existencialismo no está interesado por el hombre en general, sino por el existir cotidiano individual de cada hombre, el que existe de verdad y está en el mundo. El sentido de la vida humana no debe ser una generalización, sino que se trata de la orientación que cada uno queremos dar a nuestra propia vida.

Cada uno elige su manera de vivir, depende de nuestra libre elección condicionada por el entorno social e histórico en el que se vive. No elegimos existir o no existir; el ejercicio de la libertad sólo determina la forma de la existencia. El hombre concreto está abierto al futuro, a un abanico de posibilidades y no puede escapar de las circunstancias que le rodean. El hombre se ve "arrojado" a un mundo concreto: las cosas, las personas, las situaciones concretas condicionan la existencia real, y, a la vez, la hacen existencia humana. Ésta es un proyecto que se construye pagando el precio de perder muchas posibilidades que jamás serán realizadas. El hombre es actor y autor, a un tiempo, de su historia. Sólo cuando el hombre asume esa realidad, cada día, se encuentra a sí mismo y construye su existencia auténtica. Abandonado a sus propias fuerzas, el hombre con creto se encuentra desnudo, sin nada. Todas sus actividades están dirigidas a un límite no traspasable: la muerte. El hombre no puede controlar su propio tiempo y se angustia. A la manera de Albert Camus: “La vida es un absurdo". 

La autenticidad de la existencia humana consiste precisamente en aceptarla como su propia realidad, a pesar de la angustia. Se compromete con su mundo y su historia luchando contra falsos absolutos (Dios, Estado, Patria, familia, dinero, prestigio, etc.) que pretenden hacerle huir de la realidad de la muerte; que le impiden realizarse como ser en el mundo. La muerte no es la última estación, como dice el tópico, no es algo que viene desde fuera: ¡soy yo unido con mi propio fin! Yo me defino por mi fin: soy ser para la muerte. La muerte está en la estructura constitutiva de mi existencia. Y si el hombre es una posibilidad inacabada, la muerte, su muerte es la última posibilidad. Cuando el ser, en el ejercicio de su libertad existencial, elige ser profesor, esta categoría profesional no se logra mediante los estudios para poder serlo, ni mediante un titulo que lo respalde, ni más aun con el nombre de” profesor”, sino que primeramente existe como ser y solamente mediante la práctica docente cotidiana paso a paso, paulatina y lentamente se va construyendo como docente, porque el profesor sólo se puede construir mediante su hacer y quehacer docente.

Cuando el profesor hace conciencia de su quehacer existencial comprende que ante todo es un proyecto en formación y en construcción, y al hacer su elección libre de ser profesor, adquiere un compromiso y una responsabilidad consigo mismo, con sus alumnos y con todos los demás seres humanos, de ser cada día mejor, y su preocupación no debe ser ni económica, ni social, ni personal, sino una preocupación fenomenológica, es decir trascender después de su existencia. En la conciencia del profesor debe estar la idea de que todos los días, en y desde su práctica docente se hace a sí mismo, vive su hacer existencial, vive su vida, esto es la raíz de su existencia humana, porque el profesor vive en un continuo realizarse, ya que él es único responsable de su existencia. La existencia humana legítima del profesor es, pues, la que se va haciendo, no es nada en sí misma, no es una naturaleza, pero se va haciendo algo a través de sus obras, de sus relaciones con sus alumnos y con sus compañeros docentes, de los empeños y valores que va incorporando para sí. Su existencia humana es, pues, pura posibilidad, porque en cada momento de su práctica va siendo lo que todavía no es. 


Es un puro irse haciendo. Pura movilidad, pendiente siempre de lo por-llegar. El docente se descubre como en permanente búsqueda de acomodo Esto supone que la realidad del docente consiste en una dialéctica entre el ser y la nada ya que el profesor se va haciendo en virtud de lo que le falta, de lo que todavía no es. Por eso dirá Sartre que la nada (es decir, lo que falta) habita en el seno del ser, como un gusano. El profesor es así artífice de sí mismo al ir llenando la nada que es, integrando para sí mismo lo que experimenta y descubre en su existir. Por eso la existencia (su irse haciendo) precede a su esencia (a lo que va consiguiendo ser), lo que equivale a decir que su esencia es su existir.

El irse haciendo, o sea, incorporar para sí lo que encuentre en la existencia es la libertad. La libertad es la capacidad de ir siendo lo que todavía no soy. Es, por tanto, el movimiento para recubrir o rellenar la nada que soy lo que me falta. O también: el movimiento mismo de la existencia que se va realizando a sí misma, como no puedo dejar de existir, no puedo dejar de ser libre: estoy condenado a ser libre, a elegir, a irme haciendo, quiéralo o no Ser libre, escoger, tomar decisiones, en fin, existir, nadie puede hacerlo por mí porque la existencia es sólo mía. Me veo así sometido a una permanente y agobiante responsabilidad que se trueca en angustia ya que nunca tendré la seguridad de haber escogido bien, de haber ido por el mejor camino. La existencia es así angustiosa inseguridad. 


Cada existente es su propio y único responsable. Ceder a otro (ser, norma, institución) la responsabilidad supondría negar la libertad, esto es, la existencia misma. Por eso cada cual es el único responsable de su moral. Pero ello me compromete todavía más ya que, quiéralo o no, lo que yo hago supone una cierta propuesta o modelo que escojo como válido para todos los demás, en estas ideas radica la razón de la esencia de mi existencia. A manera de conclusión, para los existencialistas la existencia es concebida como una actualidad absoluta, no es nunca, sino que se crea a sí misma en libertad, deviene, es un proyecto, en cada momento es más o menos de lo que es. Esta tesis se refiere a menudo mediante la afirmación de los existencialistas: “existencia coincide con la temporalidad”. 

La diferencia entre este actualismo y el de la filosof- ía de la vida consiste en que los existencialistas consideran al hombre como mera subjetividad y no como manifestación de otra corriente vital (cósmica); además, la subjetividad es entendida en sentido creador, el hombre se crea libremente a sí mismo, es su libertad, pero esto no significa que el hombre se halle encerrado en sí mismo, por el contrario parece que como una realidad inacabada y abierta, se halla esencial e íntimamente vinculado con el mundo y en especial con los demás hombres, de modo que, por un lado, la existencia humana aparece engastada en el mundo, y por eso el hombre tiene siempre una situación determinada, más todavía, es su situación y, por otro, hay también un vinculo particular entre los hombres que, lo mismo que la situación, constituye el ser autentico de la “existencia”. Este es el sentido que corresponde a la “co-existencia” de Heidegger, a la “comunicación” de Jaspers y al “tú” de Marcel. Finalmente, los existencialistas rechazan la distinción entre sujeto y objeto y en este rechazo desvalorizan así el conocimiento intelectual de la filosofía; según ellos, no es la inteligencia la que logra el conocimiento verdadero, pues es menester vivir la realidad. Este “vivirla” tiene lugar preferentemente, mediante la angustia, por la cual el hombre se da cuenta de su finitud y de la fragilidad de su posición en el mundo, en el que, proyectado hacia la muerte, ha sido arrojado. 


 Bibliografía 

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BOCHENSKI, I. M. La Filosofía actual, Fondo de Cultura Económica, México, 1990. 
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HEIDEGGER, Martin, El ser y el tiempo, Fondo de Cultura Económica, México, 1988. 
SARTRE Jean Paul, El Existencialismo es un Humanismo, Ediciones Quinto Sol, México, 1992. 
SARTRE Jean Paul, El ser y la nada, Traducción de Juan Valmar, Tercera Edición, Losada, Buenos Aires, 1972 
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